Educar para la vida es el desafío.


En el mundo, cada año, los colegios públicos y privados incorporan niños y niñas que asisten a la jornada escolar con la idea de aprender. ¿Aprender qué?  Las ciencias básicas, los hábitos que se desarrollan en comunidad, las rutinas del cuidado personal,  la disciplina, y un largo etcétera que varía de acuerdo a la intención pedagógica, la filosofía, el modelo y la metodología, que pueda tener cada institución. 

Se espera idealmente que en los años escolares, los niños, niñas y jóvenes, adquieran los conocimientos necesarios para conducirse en el mundo y elegir la forma en la que se vincularán a su cultura profesionalmente.

Cada país traza una ruta, unos principios que enmarcan los saberes y los procedimientos para orientar la educación, desde el momento inicial, hasta la universidad. Estos son los planes que incluyen estándares curriculares y lineamientos, son los objetivos que se procuran desde el sistema y que demandan de las instituciones, su cumplimiento. El abordaje de unas áreas básicas del conocimiento, unas competencias de pensamiento mínimas esperadas, las cuales se miden en todo el mundo mediante pruebas estandarizadas.

La ruta entre las mallas curriculares del colegio, los lineamientos del Ministerio de Educación y los objetivos internacionales puede entenderse como un sistema de coherencia educativa, en el que cada nivel orienta al siguiente. Esto es muy importante en el diseño curricular institucional, especialmente para documentos como el PEI,  que caracteriza a cada plantel.

Pero esa alineación no puede desconocer la realidad de cada estudiante. 

Es muy importante que se integren elementos fundamentales como las inteligencias múltiples, los estilos de aprendizaje y los procesos de pensamiento, así como la educación emocional. 

Entender las etapas de desarrollo del niño  como si se tratara de un juego de video que, mientras avanza, agrega nuevas habilidades y también incorpora nuevos desafíos, cada vez mayores, permite que el diseño curricular categorice los niveles de profundización, acompañamiento y exigencia, de forma coherente, pero es indispensable identificar los intereses y las habilidades de los estudiantes para poder aprovechar al máximo su potencial y lograr dirigir sus esfuerzos hacia la consolidación de cualidades que favorezcan su proyecto de vida. 

Una jornada como la de hoy en Colombia, día en el que se aplican las pruebas estatales para los estudiantes de grados superiores, puede llegar a ser estresante para muchos, que sienten que los resultados de las pruebas pueden determinar su destino, su ingreso a la educación superior, su éxito académico, la aprobación de su familia,  las expectativas del colegio del cual provienen y en fin, un sin número de aristas que se suman a sus emociones mas personales y profundas.  

Estaría bien que si tenemos jóvenes cercanos que tienen dudas o sensaciones encontradas frente a este tipo de pruebas, pudieramos tomarnos un minuto para escucharlos y saber cómo se sienten, y compartir con ellos como nos sentimos los padres, los maestros, los que estamos en su vida, decirles que sea cual sea el resultado, siempre habrá nuevas oportunidades, que una prueba, por importante que sea, no define lo fundamental, que la neuroplasticidad nos ha mostrado que todos podemos aprender, durante mas tiempo del que pensabamos y que el verdadero objetivo de la educación, debe ser preparar para la vida. 

Deberíamos decirles que la vida es más que las ciencias y las artes que aprendemos en el colegio, que todo el conocimiento se sigue construyendo y cuestionando y ninguna verdad es absoluta, ni ninguna teoría indiscutible. Es importante que los jóvenes de esta generación y las generaciones futuras, logren abrir su pensamiento para encontrarse con el saber de manera permanente y no solo para preparar un examen. Es necesario que al tiempo que se hacen simulacros y entrenamientos exhaustivos para obtener los mejores resultados, se preparen también las emociones, para equilibrar la tensión generada por la responsabilidad, y  es importante formar en el error, en el fracaso, en la pérdida, porque de esa manera se educa en la persistencia, en la resiliencia, en la confianza, en la habilidad de buscar siempre los mejores resultados si, pero también en no conformarse y continuar avanzando para poder dar lo mejor de si mismos cada día.